Isabel y los barquitos de Massera
 

Sarmiento, mas allá del bronce

Por Ricardo E. Brizuela

Personaje singular, Domingo Faustino Sarmiento acompañó y protagonizó más de sesenta años de historia argentina. Pero, lejos del cliché almidonado de los libros escolares, el sanjuanino fue uno de nuestros próceres que más dejaron traslucir su carácter, sus grandezas y debilidades. Unido a esto, sus enemigos se encargaron de dejar registrado, suponiendo un descrédito, detalles de su vida íntima.

Por ejemplo, después de escribir lo que se considera su obra máxima, Facundo, logra que el gobierno de Chile lo envíe a estudiar el sistema educativo de los países europeos. Contaba entonces con 34 años. De este viaje, que transcurrió en dos años, quedaron documentados sus gastos en forma detallado en un libro aparecido en Chile titulado “Diario de gastos durante el viaje a Europa emprendido desde Valparaíso, el 28 de octubre de 1845, por Domingo Faustino Sarmiento”.
Entre los muchos gastos efectuados y minuciosamente registrados figuran la compra de camisas, pantalones, un gorro de dormir y servicios de peluquería, almuerzos, cenas, corbatas, cien tarjetas de visita, alquiler de caballo e imprevistamente se anotan 13 francos imputados en el rubro “orgía”. No hay otro dato sobre el particular: queda para la imaginación del lector las características de tales orgías.

Llama también la atención el gorro de dormir. Para entonces ya Sarmiento mostraba una calvicie pronunciada producto de la difteria que había contraído.
El Sarmiento adusto se derrumba también cuando se profundizan sus pasos en lo referente a amores. Comienza temprano: no tenía veinte años cuando tiene una hija natural, Faustina, con una chilena del pueblo de Los Andes, donde enseñaba.

También en el viaje que comentamos más arriba, deja una señal de su apego a la buena vida con esta frase: “ Ah si tuviera cuarenta mil francos, ¡ qué año me daba en París! ¡Qué página luminosa ponía en mis recuerdos para la vejez!.

En uno de sus numerosos viajes conoce en Montevideo a Mariquita Sanchez, que pese a contar ya con 60 años era dueña de una figura excepcional y concitaba el interés de la sociedad argentina y uruguaya. En carta a un amigo, Sarmiento confiesa haber sido tentado por una casi irrefrenable intención de un asalto erótico: “!Ah si no hubiera sido por la criada que iba y venía con el mate...!”, se lamenta.

Casi inmediatamente a su regreso de su viaje a Europa, se casa con Benita Martinez Pastoriza, viuda acaudalada que tenía un hijo, Dominguito, que Sarmiento adopta. Sus contemporáneos sostuvieron que en realidad este hijo era de él, producto de una pasión mantenida cuando la dama estaba aún casada. Lo cierto es que con el transcurrir del tiempo, el matrimonio entra en crisis. Sarmiento se refiere a su mujer como la “fea” y dice de ella: “Volcán de pasión insaciable, el amor en ella era un veneno corrosivo que devoraba el vaso que lo contenía”. Por supuesto se separan, pero ella lo persigue implacable.

En esa época conoce al gran amor de su vida, Aurelia Velez, hija de Dalmiro Velez Sarsfield, a quien le doblaba en edad. Ella le escribe: “Te amo con todas las timideces de una niña”. El contesta: “Mi vida futura está basada exclusivamente sobre tu solemne promesa de amarme” .

Veinte años después de su primer viaje a París regresa y desde allí escribe: “A la grata memoria de las mujeres que me amaron y me ayudaron en la lucha por la existencia”. En una frase final dice: “Mi destino ha sido tejido por mujeres”.

Hay testimonios que indican sus preferencias por las mujeres apasionadas y sin inhibiciones: “!Oh Calviño – escribe – cuanto daño ha hecho tu fanatismo! La mujer puritana es como las hembras de las aves de los trópicos: parda, sin moños, sin galas...”

Sin embargo, Sarmiento vive sólo sus últimos años. En Asunción, sus últimos dias recibe la fugaz visita de Aurelia Velez que siempre lo frecuentó.

Muere en Asunción en la madrugada del 11 de septiembre de 1888. Sus restos, bajando por el río Paraná reciben el homenaje de poblaciones enteras de rodillas en las orillas, mientras el buque se alejaba.

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El autor:
Ricardo E. Brizuela es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación, de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación histórica, habiendo publicado hasta la fecha mas de 200 monografías con diversos temas de esta disciplina y economía, en diferentes medios de varios países. Una parte de este material pertenece al libro "Hechos y Protagonistas", algunas de cuyas páginas también se reproducen en esta web.
La primera edición de "Pasajeros de la Historia" se publicó en Buenos Aires en 1993. Actualmente el autor se desempeña como consultor de empresas en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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